Beckett fue uno de los precursores de lo que ahora llamamos teatro del absurdo – como él mismo dijo «teatro del absurdo, que absurdo!» Beckett nos dio un portazo en las narices, colocando como protagonistas de esta excitante obra a dos mendigos entrañables, Vladimiro (Didí) y Estragón (Gogó), esperando a alguien que no conocemos, de quien no sabemos NADA. Esperando a Godot.
Didí y Gogó, resultan ser el vivo ejemplo de cualquiera de nosotros; de cualquiera de los que pensamos que no tenemos demasiado talento para la felicidad.
Estos dos prisioneros del tiempo, entienden que la vida significa esperar, matando el tiempo con conversaciones sin principio ni final y aferrándose a la esperanza de que la liberación puede estar a la vuelta de la esquina.
¿Pero porque aún ahora, después de que hayan pasado tardes y tardes desde la última palabra que Beckett dedicó a su obra, aún nadie ha preguntado que le pasa a Godot?!
¿Deseamos realmente la liberación? ¿o nos hemos vuelto tan conformistas que hasta protestamos por rutina? Es posible… que Godot sea un gran hombre de negocios! o un padre con mil y una obligaciones! Aunque también podría ser que Godot fuera uno de los trabajadores de una mina, o un mendigo que se dedica a guiar a nuevos mendigos a un buen refugio.
Quizá Godot es una de esas personas que siempre se nos ha dicho que existen. Que adoramos. Que viven en todas las culturas de una forma u otra. En algunos lugares se dice que es uno, en otros se dice que muchos. Pero que nunca le hemos visto y a pesar de todo creemos en él / ellos, porque según todo el mundo ha dado al mundo lo mejor que tiene.
Texto de la obra.
O Dios, ¿no? 😉